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CONTRADANZA

      La Contradanza de Cetina es una expresión espectacular única, que se representa en Cetina la noche del 19 de Mayo en honor de San Juan Lorenzo.

      El personaje llamado “el diablo” es el que dirige el baile con sus palmadas y órdenes para dar comienzo a las mudanzas (cuadros plásticos) que se van desgranando por parte de los otros ocho “contradanceros” (cuatro visten de negro con adornos blancos y cuatro de blanco con adornos negros), que cubiertos sus rostros con una “careta” van plasmando las figuras.

     El diablo siempre corona las figuras, ya sean de tipo laico (Los arcos, los estribos, los banquillos, la fuente, el surtidor…), mitológico (el dios de las aguas), y sobretodo religioso (San Juan Lorenzo, la Virgen de Atocha, San Pascual, la Purísima, el Calvario, la Resurrección…). Como nota curiosa, en la única que aparece el Demonio propiamente dicha es la mudanza de San Miguel, y en ella, el diablo precisamente hace de San Miguel para dar muerte al Lucifer que es interpretado por otro contradancero.

      El diablo, por tanto, lejos de ser un ser diabólico es un ser inquieto, que sube, baja, danza sin parar... Que juega con los contradanceros, que les quiere engañar y finalmente (durante la pantomima del “afeitado”) es muerto a mano de uno de ellos.

      Es llorado con llantos burlescos, paseado triunfante ante el pueblo y finalmente resucita, la música se acelera, y en un cúlmen de palmas y excitación de todo el pueblo la Contradanza termina con el grito estentóreo de “¡¡¡Viva San Juan Lorenzo!!!"

       No se conoce el origen exacto, y ciertamente, porque no hay un único origen. Desde los años veinte del siglo pasado, se habla de ella como una danza celtíbera del plenilunio apoyándose en un texto de la Geografía de Estrabón que habla de los celtíberos que danzan a la puerta de sus casas a la luz del fuego en las noches de luna llena. Mosén José Royo Borobia (párroco de Cetina de 1906 a 1940), a su llegada a Cetina y tras hablar con los más viejos del lugar deja constancia de que “éstos la recuerdan siempre así y cuentan de sus mayores que siempre la vieron así”. Para podernos hacer una idea de su origen, tenemos que hacer referencia a las fiestas de 1751 (hasta el momento, primera referencia escrita de la Contradanza) en que queda constancia de la Mojiganga que se celebró la noche del 19 de Mayo a la luz de “unas 12 hachas (antorchas) ardiendo”. Es en este momento del Barroco en el que se fija como lo vemos hoy, siendo casi un juego de adivinanza pues las mudanzas se van haciendo en silencio y al compás de repetitiva música de dos líneas de pentagrama que se repite sin cesar durante dos horas.

 

      Sin duda alguna la Contradanza de Cetina recoge elementos muy antiguos (la muerte del diablo) que se van fusionando a lo largo de la historia con elementos nuevos (pasos y giros de las contradanzas de salón del barroco) hasta dar el resultado de las 32 mudanzas (la última añadida en 1954) que existen en la actualidad. Antiguamente antes de cada mudanza, con un cambio de música el diablo iba diciendo al oído de cada contradancero el nombre de la mudanza que venía a continuación en lo que se ha venido llamando “escuche”. Hoy tan sólo se introducen cuatro o cinco escuches como mero descanso antes de cada mudanza de las denominadas “duras”.

 

      En 2012 la Contradanza de Cetina fue declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial.

 

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