En conjunto nos hallamos ante una formidable creación popular con elementos dispersos de distinta procedencia y antigüedad que el pueblo ha conservado como un rito aunque haya perdido su significación primitiva y sea difícil delimitar cual fue en cada momento ni en virtud de que fuerza se conglomeró hasta llegar a su estado presente.
La participación de la contradanza de Cetina en las fiestas de los carnavales de Venecia ha hecho que se suscite la curiosidad hacia esta interesantísima manifestación de nuestra vida popular y son muchos los lectores de estos artículos que nos han pedido que expongamos nuestra opinión sobre la danza y cada una de sus partes. Les he remitido a mi publicación El dance aragonés (Zaragoza, 1982, pp. 76-81) y es muy poco lo que puedo añadir a lo que entonces escribí Desde luego hemos de felicitarnos por el interés que por las muestras de nuestra vida popular consideradas como señas de identidad se despierta desde hace poco lo que sin duda conducirá a la conservación de muchas que estaban en trance de perderse y quizá a la recuperación de otras ya desaparecidas. Y un poco de amargura todo hay que decirlo, provoca el que sea necesario que cualquiera de las cosas nuestras estimables salga de nuestras fronteras para que se les reconozcan los méritos que indudablemente tienen. ¿Son muchos los que aun haciendo largos viajes por el mundo para ver y aprender se han tomado la molestia de acudir a Cetina para admirar la contradanza en su propio ambiente?. Quizá valga la pena advertir que en este tipo de manifestaciones es importante respetar íntegramente lo que ha llegado a nosotros sin corregirlo ni «normalizarlo» y sin que empeños eruditos velen la ingenuidad y la autenticidad de lo popular; y aun más, que bastantes manifestaciones rituales cobran su verdadero sentido en el lugar que fueron concebidas.
El nombre de «contradanza» repetimos es inconveniente y nada tiene que ver con el baile de salón que dominó los entretenimientos de la aristocracia y la burguesía en el siglo XVIII y el XIX, en los que seis, ocho o diez parejas formaban figuras y acoplaban movimientos con arreglo a complicadas normas dirigidas por un «bastonero», sustituyendo al ponerse de moda a otros bailes, sobre todo al minueto, de tal forma que Felipe Pedrell pudo escribir «que la exagerada afición a la contradanza influyó desastrosamente en algunas partes de la canción popular». Era el desarrollo de la contradanza de muy larga duración y sus complicaciones motivaron la edición de manuales y libros de instrucciones para aprenderla, poniendo serio empeño en el aprendizaje damiselas y petimetres, adjudicando nombre peculiares a cada figura y desempeñando un papel primordial el bastonero que dirigía los movimientos mediante una varita. El pueblo imitó siempre los bailes y las modas de los pudientes, como ocurrió con el bolero y otras danzas; sin duda la contradanza fue imitada por las gentes de Cetina componiendo un delicioso híbrido con práctica de la conocida conducta de acomodar por imitación modos señoriales a través de un proceso de simplificación que comporta la intemporalidad y el anonimato; en este caso a las prácticas del siglo XVIII el pueblo añadió otras seguramente muy antiguas aunque las supuestas vinculaciones con bailes celtibéricos o semejantes estén fuera de lugar. Se conservan del modelo el dar nombre a cada uno de los cuadros, las órdenes del bastonero aunque con palmadas y no con bastón y la formación de figuras. En el siglo XIX y principios del XX se pusieron de moda los «cuadros plásticos» y el Circo Krone que recorrió toda España por el primer tercio de esta centuria presentaba como parte del singular espectáculo un grupo de atletas que reproducían las esculturas helenísticas de muchas figuras.
En la danza de Cetina hay una serie de elementos característicos muy bien definidos: esencialmente el ser fiesta ritual de plenilunio, con iluminación mediante teas.
Existen muy pocos puntos de contacto de tal Contradanza con el dance de San Juan Lorenzo, aunque se celebre en honor al santo a través de cuadros plásticos de salón. Del conjunto sobresalen elementos muy viejos como el de la danza de plenilunio y el sacrificio del jefe que podría relacionarse con el mito indoeuropeo del «señor de los granos» y la redención, la semilla que ha de ser sacrificada y destruirse para que pueda germinar y salvar; y sin otro vínculo que el aspecto de los trajes con las danzas macabras secuela de las danzas-medievales de la muerte de toda Europa. Por otra parte al realizarse el baile sin otra luz que la de la de las teas que antes fabricaban los propios danzantes con papel de estraza encerado, la combinación de blanco y negro de las vestiduras era imprescindible para alcanzar suficiente visibilidad.
Por D.Antonio Beltrán Martínez